LA LITERATURA COMPARADA, UN EFECTO DE LECTURA:
TABUCCHI Y SU/S LECTURA/S DE PESSOA
Voy a intentar hacer un recorrido por las huellas – algunas – que la lectura de Pessoa deja en la escritura de Tabucchi. Quiero aclarar que no se trata de un planteo en términos de influencia o imitación, sino de descubrimiento y valoración. Esto es, voy a describir la relación, que desde mi propia lectura, se establece entre un poeta portugués que se educó en inglés, lengua en la que también escribió y que falleció en 1935, y un narrador italiano que hoy tiene 57 años y que escribió buena parte de su obra bajo la impresión que le causara un poema del primero leído en francés (el poema Boureau de Tabac, que en español se llama Tabaquería).
Todo texto leído responde de manera diferente a las preguntas acerca de qué leer, cómo leer, qué se gesta en ese encuentro. A partir de cada lectura se opera una determinada construcción de sentido que pone en movimiento las vinculaciones de ese texto con otros, en un proceso de infinitas relaciones textuales.
F.P. aparece en la escritura de A.T. en una perspectiva múltiple. A veces es personaje; casi siempre, una presencia subyacente y siempre el centro de sus preocupaciones como crítico, como traductor y curador y como ensayista.
La mirada de A.T. va más allá de la síntesis Tabucchi / Pessoa. Es su lectura la que girando sobre sí misma dibuja su propia escritura y es capaz de suscitar aperturas, transformaciones y posturas diferentes.
F.P., a quien A.T. nombra como “ el poeta de las mil caras”[1], crea sus otros yo, sus llamados heterónimos, porque al parecer una vida y un nombre no le eran suficientes. Su escritura da sustento a una serie de “yo”, personajes tal vez, o poetas múltiples aparentemente equidistantes y simultáneos. De cada uno da a conocer algunos datos biográficos; cada uno escribe a su manera; cada uno dibuja con bordes propios pero no tan marcados como aparentan. Estos bordes son tan lábiles que dan lugar a que F.P., el ortónimo de F.P., se sume como una voz más a esas voces poéticas con nombre y apellido.
A.T. lee la presencia de F.P. entre sus heterónimos desde el lugar de la sospecha[2], su aparición entre ellos es su coartada, su escondite. La sospecha consiste en pensar que Pesoa no haya existido, que haya sido otra invención de Pessoa; esta hipótesis borgeana, a la manera de “Pierre Menard, autor del Quijote”se basa en su poema que dice:
El poeta es un fingidor
Finge tan completamente
Que llega a pensar que es dolor
El dolor que de verdad siente.
1. Pessoa, personaje de ficción
Réquiem[3], la novela de Tabucchi escrita en portugués lleva en sus marcas la impronta de Pessoa. Además de ser un homenaje a Portugal – “ Portugal está en mi bagaje genético” – permite que un domingo de julio, un yo narrador fije una cita con el fantasma de aquél a quien llama “ el mejor poeta del siglo XX”. Entonces discursivamente trazará su simulacro entre el sueño y la vigilia, entre las brumas de la inconsciencia y la conciencia de lo real, entre lo explicable y lo inexplicable, aunque explicado como “ misión a cumplir”.
La misteriosa experiencia concebida como viaje iniciático o sueño, dura doce horas y nos acerca, no a la verdad última, sino a los aledaños de una certeza, que sólo otra lectura, la nuestra, podrá o no desentrañar. A.T., el lector de F.P. hace vivir en esta novela a F.P. y a otros heterónimos y esto imposibilita la certeza. El conocimiento es poco probable. Los personajes – personas o fantasmas – se mueven en un afuera del tiempo, entre el presente por el que transcurren y el pasado que se recuerda. En un presente intemporal donde los personajes pretenden encontrarse. Es el tiempo / espacio de la incertidumbre y Tabucchi construye el fantasma de Pessoa con los fragmentos leídos y resignificados. Con estos residuos produce otra textura donde vivos y muertos se perfilan en un mismo plano, el de la escritura.
En la Nota introductoria a Sueños de sueños [4] Tabucchi explica que de golpe se sintió compelido a conocer los sueños de los artistas amados. Para remediar lo que lee como carencia hará que la literatura sea la encargada de devolverle lo que considera perdido, y ya que los autores no han escrito sus sueños, su escritura lo hará. Estas narraciones “ pálidas ilusiones” no podían olvidarse de Pessoa-. El capítulo correspondiente se denomina Sueño de Fernando Pessoa, poeta y fingidor y alude al poema ya mencionado, escrito por F.P. en 1931. Allí, el poeta sueña que despierta, y al hacerlo emprende un viaje, en el transcurso del cual encuentra a su madre que no es su madre. Se dirige a Santarem pero de pronto se descubre niño y está en Sud-África. Llega, luego de buscarla, a la casa del Señor Caeiro, heterónimo de Pessoa. Tal como en su biografía, Caeiro tiene una salud precaria. Pessoa reconoce en él a su maestro y éste le confiesa que ambos son el mismos y que debe seguir su voz y obedecer a ella. El carruaje debe llevarlo hasta el final del sueño que coincidirá con el día triunfal de su vida.
Aún en el plano de los sueños, la escritura construye una visión del mundo que crea un verosímil. Es convincente y entrañable. Es un homenaje al maestro en tono melancólico. Allí las voces tienen un enorme poder de sugestión y la acción que en parte se desarrolla como lectura de los datos biográficos reales de Pessoa, por momentos se lee como recuerdo contaminado por la nostalgia. Es como si el narrador agrupara fragmentos de una historia dispersa: el protagonista viaja y pasa de un país a otro, de un espacio a otro, de un tiempo a otro. En el cruce no marcado entre ambas geografías logra mediante el sueño establecer contacto con sus fantasmas que son los mismos del mundo pessoano, y logra destrabar un nudo de su existencia. F.P., el personaje, parece buscar a alguien que en realidad se encuentra sólo en su interior, es una creación suya, y el narrador logra que ese personaje se sienta arrastrado a la búsqueda del otro. El hecho de no tener explicación se relaciona con la experiencia del sueño que en este caso es una experiencia fantasmagórica
En Los tres últimos días de Fernando Pessoa[5]F.P. el personaje se despide de sus amigos y de sus heterónimos. La muerte, tema recurrente en el poeta portugués, es también una tópica importante en la narrativa de Tabucchi. Este es un relato (o tres) que a pesar de su carácter laico rodea a la muerte de una cierta sacralidad y el personaje que muere tiene una existencia tan propia que, cuando acabamos de leer, se niega a morir y esto marca un camino: es una convocatoria a la relectura; nuestra lectura nos indica que todavía tiene mucho que decir, lo cual nos reenvía a un afuera del texto, al hipotexto, al gran poema de Pessoa que ha sido desacralizado por la escritura de Tabucchi que en cierto sentido es su prolongación, casi su fantasma.
F.P. ha adquirido en la escritura de A.T. una fisonomía tan marcada que más que un personaje de ficción se conforma en un efecto de realidad que casi supera lo meramente discursivo.
2. Fernando Pessoa, presencia subyacente
Los ejes nodales de la poética de F.P. se inscriben, se incrustan en la narrativa de A.T. Así la preocupación por la inexorabilidad del tiempo, la angustia por el pasado, la imposibilidad de distinguir los límites entre el presente y el pasado, el pasaje al otro lado (la muerte o el revés), la memoria, la insatisfacción, el remordimiento, la permanencia de los muertos, la entidad de lo verdadero configuran un itinerario por lugares compartidos.
Las diferentes maneras de representación de la escritura de F.P., en la escritura de A.T. desbordan los límites y abren como efecto un espacio de incertidumbre que arrastra el sentido hacia la falta de certezas, casi hasta la ambigüedad.
La lectura que A.T. hace de F.P. y nuestra lectura de su/s lecturas crean instancias múltiples de configuración de la realidad; no hay ninguna posibilidad de salir de la mera conjetura.
Sin embargo, en Sostiene Pereira[6]el narrador da lugar a un personaje, un periodista, como aquel que está capacitado para sustituir la realidad por su representación. Deja, casi como sin darse cuenta, casi como al pasar, a la palabra escrita como la única posibilidad de cambiar la historia. Las certezas vuelven, retornan, a partir de la palabra.
En efecto, Pereira es un periodista de Lisboa que en 1938, durante la dictadura de Salazar, dirige la página cultural de un periódico mediocre y más que modesto. Su vida transcurre en el pasado: dialoga con el retrato de su esposa muerta, escribe necrológicas anticipadas de grandes autores, traduce textos de escritores franceses. Su idea fija es la muerte. Otra recurrencia pessoana.
Pero por otro lado, su vida también transcurre, o se deja transcurrir en el presente: su salud, los excesos en las comidas, la presión alta, la limonada, las pesadillas.
De pronto la presencia de dos jóvenes revolucionarios que participan en grupos de resistencia contra la sangrienta dictadura iniciarán en Pereira un proceso de cambio y “la realidad” va a entrar con ellos en la vida del periodista que se deja llevar. En principio el personaje queda escindido entre los valores que han regido toda su vida y los nuevos ideales. Pereira es un sesentón y los hombres de esa edad no cambian tan fácilmente su forma de pensar. Pero poco a pocos se solidariza con los jóvenes y les da hospitalidad; no obstante no consigue proteger a su joven amigo que es asesinado a palazos. Pereira, después de la crisis personal ha llegado a la maduración interior y en esta toma de conciencia, denuncia abiertamente a los asesinos en un artículo periodístico. La palabra toma su lugar de combate y consuma la venganza. El hombre que estaba más cerca de la muerte firma en ese momento su escrito y su firma es un compromiso con la vida.
En la Nota que el narrador agrega al final del libro cuenta la génesis del relato. Pereira lo había visitado (personaje en busca de un autor) y le había contado su historia. A.T. incorpora en este texto a la tópica pessoana sobre la vida y la muerte, otros temas como la política, la libertad y la dignidad. Sin embargo siempre se lo lee a F.P. en el recorrido que Pereira realiza por las calles de Lisboa: ese sujeto mira y transforma el camino en escritura cuyo fin es la recuperación de la palabra en su condición fundante, la producción de sentido.
Tal vez, como dijimos al principio F.P. es la presencia subyacente. Tal vea en toda la obra tabucchiana podamos descubrirlo como el personaje de Nocturno Hindú[7], luego de cerrar la puerta. Tal vez primero haya que cerrar el libro y levantar la cabeza – como dijera Barthes[8] – y escribir la lectura.
3. Tabucchi ensayista
Más allá o más acá de la ficción A.T. también se acerca a F.P. como crítico, traductor y ensayista.
El abundantísimo legado literario de F.P. ocupó hasta 1969 un baúl que contenía más de cinco mil textos entre poemas manuscritos, mecanografiados, borradores, anotaciones laterales, proyectos, planes. En ese año comenzó a ser inventariado y 10 años más tarde fue comprado por el estado portugués, pero en 1942 con lo ya conocido, disperso en las revistas literarias desde las que fundó y enterró diversos –ismos, la Editorial Alica de Lisboa comenzó la publicación de lasObrasCompletas.Desde entonces los críticos discurren y disputan sobre los criterios más o menos posibles con que acercarse al corpus pessoano.
A.T., que es introductor de F.P. en Italia ha traducido, prologado y curado la edición de todas las obras existentes en italiano del poeta portugués. Sus ensayos críticos sobre Pessoa, escritos durante once años, fueron reunidos en 1990, en un volumen llamado Un baúl lleno de gente.En él, Tabucchi afirma
La poesía de Pessoa es el análisis más complejo, más doliente y trágico, pero al mismo tiempo lúcido e impecable del hombre de nuestro siglo: un hombre atormentado que ridiculiza y que, en su verdad y en su maldad, en el abuso y en la paradoja, en la capacidad de afirmar irónicamente el contrario de un axioma ya irónicamente adoptado, realiza una poesía de las más revolucionarias del siglo XX.[9]
A.T. hace mención a la lucha que sus amigos habrán tenido con el baúl, por la cantidad de trabajos inéditos que confirmaban y potenciaban sus heterónimos, sobre todo Caeiro, Campos y Reis, el ortónimo Pessoa y el heterónimo prosador Bernardo Soares.
Y realmente el baúl estaba lleno de gente. “Cada heterónimo es un capítulo de un único poema, un momento de vida”[10].
Tabucchi como si pagara una deuda de amor abre el baúl y explica desde su lugar de lector la cuestión de la heteronimia y con los datos que F.P. aporta para cada heterónimo escribe las historias biográficas, en particular las de Álvaro de Campos y Bernardo Soares, aquél que se interrogaba en el Libro del desasosiego del que Pessoa lo hizo autor, acerca de quién es “yo”[11]
Tabucchi recorre las heteronimias, plantea inclusive la duda de la existencia real del poeta, tal como muchas veces se especuló con que la obra de Shakespeare era trabajo de otro, o el resultado de una labor colectiva (varios que firman por uno, ej. Bustos Domecq), pero concluye que lo de Pessoa es un proceso inverso; es uno que se convierte en muchos y lo hace simultáneamente. Esto lo constituye en un personaje incómodo, tanto que hasta se habló de su locura, pero Tabucchi repitiendo las propias palabras del poeta dice:“La literatura, como todo arte, es la demostración de que la vida no basta”[12].
4. A Modo de conclusion
Desde mi lectura, en traducción española de un portugués que escribe a veces en inglés, y de un italiano que escribe a veces en portugués, y de la lectura que el segundo hace del primero, la tranquilidad aparente entre lo discursivo y lo empírico se transforma en desconcierto. Ambos observan la existencia y la escriben y en los intersticios de su discurso yo creo entrever el tejido de la vida en esporádicas apariciones.
[1] Antonio TABUCCHI, 1998. Un baúl lleno de gente. pág.14. Temas Grupo Editorial, Buenos Aires.
[2] Fernando PESSOA, 1997. PoesíaPrólogo de Antonio Tabucchi. Madrid, Alianza.
[3] Antonio TABUCCHI, 1998. Requiem, Barcelona, Anagrama (Compactos).
[4] Antonio TABUCCHI, 1993.Sogni di sogniPalermo, Sellario Editore.
[5] Antonio TABUCCHI, 1996. Los tres últimos días de Fernando Pessoa.Madrid, Alianza
[6] Antonio TABUCCHI, 1999. Sostiene Pereira. Barcelona, Anagrama.
[7] Antonio TABUCCHI, 1998. Nocturno Hindú.Barcelona, Anagrama Compacto.
[8] Roland BARTHES, 1987. El susurro del lenguaje.Buenos Aires, Siglo XXI.
[9] Antonio TABUCCHI, 1998. Un baúl lleno de gentePág. 32. Buenos Aires, Temas Grupo Editor.
[10] Op.cit. pág. 57.
[11] Fernando PESSOA, 1997. Poesía.Madrid, Alianza.
[12] Antonio TABUCCHI, Op cit. pág. 25.